Hoy quería reflexionar sobre 2 artículos que he leído últimamente, y que tienen mucho que ver entre sí. Ambos hablan del mundo del trabajo y de cómo afrontamos el mismo y nos enfrentamos a las relaciones en la organización.
El primero de ellos viene de McKinsey, y en él se habla de conseguir encontrar “sentido” al trabajo que se desarrolla como una parte esencial para unos mejores logros. Entre otras muchas cosas (os recomiendo el artículo entero), comenta que tanto líderes como gestores (y me alegra que haga esa distinción) deberían de tratar de ir en esa línea.
El segundo es un artículo de Umair Haque sobre el compromiso entre dinero y sentido en aquello en lo que hacemos (no sólo el trabajo. Por cierto, que si no leéis a Umair Haque os recomiendo encarecidamente su blog, una inspiración continua.
Parecen ambos muy en la linea de este cambio social y organizativo que nadie parece ya discutir. Esta nueva forma de hacer las cosas. Pero mi reflexión va en la linea de la “motivación” y la “gestión” de la que hablan estos artículos.
Y es lo que quería decir en el post anterior cuando citaba que el gestor no tiene porque ser un motivador y “ni falta que hace”. Porque, en realidad, yo creo que la motivación no existe. Me explico: La motivación viene por uno mismo. A mí nadie me ha motivado nunca, ni mis compañeros, ni miembros del equipo, ni jefes…. y fuera de ese ámbito: amigos, familia… tampoco. Aprendo y he aprendido mucho de todos. Unos me inspiran, otros me hacen pensar, otros me ayudan, otros me guían, otros me indican dónde quiero estar, otros dónde no quiero ir. Pero la motivación la encuentro yo. Nadie me ha motivado nunca.

